Aula Intercultural

IES Las sendas. Getafe

Actualización (diciembre 2015):

Gracias al apoyo del equipo docente y al interés mostrado por el alumnado, un año más hemos tenido la suerte y oportunidad de trabajar junto con los chicos y chicas del Aula de Compensación Educativa del Instituto Las Sendas.

Digo oportunidad porque de los talleres de 50 minutos, inicialmente previstos, hemos pasado a encontrarnos en varias ocasiones y trabajar juntos los temas que nos preocupaban. Así, hemos abordado la discriminación y el racismo en todas sus manifestaciones, hemos debatido sobre los derechos humanos y lo más interesante, hemos reflexionado sobre cómo luchar para reclamar cuando se nos priva de ellos.

Esta es la última tarea, exponer y trabajar juntos sobre: ¿qué medios tenemos como sociedad para luchar por nuestros derechos?, esos que no se regalan sino que forman parte de nosotros mismos, de nuestra condición como raza humana. ¿Como trabajamos para lograr la igualdad de oportunidad recogida en la ley y tan lejana en la realidad?. ¿Qué ejemplos de luchas recientes podemos ver?…

Aunque todos los derechos son igualmente importantes, para la mayor parte de las alumnas y alumnos del ACE los derechos más importantes o que más han destacado en los debate han sido: El derecho a la salud, a la vivienda, al respeto y protección de la cultura y las creencias propias y el derecho al respeto a nuestro cuerpo y a una vida libre de maltratos.

¡Gracias a todos y todas por vuestra participación y por compartir
vuestras ideas, expectativas y deseos!.

¡Todo un placer el tiempo compartido!

Fotoblog:


Foto de un grupo multicultural de jóvenes en una clase

Imagen de una profesora y alumnos en uno de los talleres

Un grupo de jóvenes posando con gestos para la foto


dibujo de niños en un árbol

Diario de taller. 5 de marzo de 2015.

Hoy el taller programado es diferente. Lo es porque, a diferencia de otros grupos con los que ya hemos trabajado, será un grupo pequeño, entre 6 y 10 participantes. Además Lola, la orientadora, nos ha contado que serán grupos muy diversos en cuanto al origen o nacionalidad y nada diversos en cuanto a sexo. Está previsto que a primera hora trabajemos con chicas que estudian peluquería y a segunda con chicos que estudian electricidad.

Llegamos al centro a las 9,30. Jorge, un compañero estudiante de sociología, me acompaña. No sabemos muy bien como irá todo porque cada grupo es un mundo, y siempre temes no ser capaz de conectar con los alumnos y alumnas. Mi deseo y objetivo principal no es convencerles de lo mala que es la discriminación, algo que seguro saben mejor que yo, sino ser capaz de llegar un poco a sus corazones y que puedan sentirse seguros para compartir algo de sí mismos: qué quieren, qué piensan, qué sienten. Realmente es todo un reto en tan solo 45 minutos. Estas son mis reflexiones mientras entramos en el centro.

El profesorado, y Pilar, la jefa de estudios, nos reciben con mucha amabilidad. Empezamos enseguida porque hemos llegado justos de tiempo y nos acompañan al aula donde trabajaremos con los distintos grupos. Y ahí estamos, cuando una chica de 14 años, de etnia gitana entra diciendo, ¡yo soy racista y no pienso dejar de serlo! Le contesto que no importa que todos podemos ser lo que deseamos ser. Sé que es su manera de provocarme, de dejarme claro hasta dónde me va a permitir llegar, de saber quién soy a partir de mi reacción. Llega el resto, tres chichas más y un chico. Son el grupo de peluquería. Tienen más compañeras pero hoy no han venido; dos están enfermas y la tercera no ha venido porque está en su último mes de embarazo.

Nos presentamos y les pedimos que se presenten, y comenzamos…, escribo en la pizarra la palabra RACISMO, y les pido que me cuenten qué significa. Y por supuesto, como siempre, empiezan a contar, de forma no muy ordenada, pero lo importante es que empiezan a contar. Hablan de rechazo, odio, separación, y saltan a contar las diferencias o excusas que pueden llevar a discriminar a otros; por ser negro, por ser de fuera, los gays, los machistas. Y ahí me paro, y pregunto:
– ¿que es eso de ser machista? – Pues eso, que ellos valen más que nosotras.
– ¿Y eso por qué? – Porque mi padre dice que ellos se pueden defender y yo no. Contesta Yassine. – ¿Y que sientes tú cuando escuchas decir eso a tu padre? le pregunto. – No me gusta, contesta muy bajito. Rápidamente contesta otra compañera: ¡Eso no es justo, así que no te lo creas!.

Y en este punto, pasamos a analizar cómo se siente uno cuando sufre la discriminación, cuando por el hecho de ser mujer o extranjero o gitano la gente piensa o te trata mal. Ahora todas las chicas hablan, y todas van diciendo sinónimos de tristeza, pena, amargura. Es curioso, esta misma pregunta en el grupo siguiente formado solo por chicos supone una emoción diferente. Ellos, en ningún momento identifican la tristeza como su reacción, sino la rabia, el enfado, las ganas de golpear…

En los dos grupos la charla transcurre no de forma relajada porque todos hablan a la vez y entre ellos, no se escuchan entre si, y por supuesto, tampoco a mí, pero estamos manteniendo una clase animada y participativa, que es lo que cuenta. En ambos grupos, les pregunto cuantas razas hay en el ser humano, y empieza la retahíla; un montón, miles: los negros, los panchitos, los marroquíes, los chinos, los rumanos… se mezcla todo; nacionalidades, rasgos físicos, continentes, etnias. Al final, siempre hay un alumno o alumna que dice: creo que solo una, ¿no? En ese momento, hablamos de Lucy (los restos humanos más antiguos encontrados) de una especie llamada Homo Sapiens. A pesar de que el tema puede ser considerado farragoso, siempre se quedan callados en este punto. Creo que funciona como si oyeran un cuento. Entonces, señalando el mapamundi, hablamos de que todos venimos de África, la cuna de nuestros antepasados; que hemos ido cambiando nuestro aspecto por las condiciones de temperatura, alimentación, etc. que se daban en los distintos lugares a los que el ser humano emigraba buscando una vida mejor. Se sorprenden y algunos no creen palabra de lo que digo.

Por último, en el segundo grupo, el de chicos cometo un gran error. Uno de los muchachos que apenas habla al principio, empieza a separarse físicamente del grupo. Está enfadado, cuando le pido que participe me dice que no quiere. La profesora en ese momento le pide que se siente con ella al final del aula y allí permanece todo el rato. Un poco antes de acabar me increpa y me dice que solo hablo de marroquíes, latinos y gitanos. Yo le pregunto ¿por qué estás tan enfadado conmigo? No me contesta. Cuando acabamos el taller, y hablo en la sala de profesores de lo ocurrido me dicen que no es marroquí, como yo erróneamente había supuesto, que es rumano; y por fin entiendo su enfado. Sin querer en mi intervención le hice sentirse excluido al no mencionar en ningún momento a la población rumana. Me enfado conmigo misma, no volverá a pasar.

¿Vais a venir otro día? Nos preguntan al final del taller en los dos grupos. Parece que si, que les ha gustado, que podemos repetir. Y esta es sin duda la mayor satisfacción para nosotros, hemos conectado aunque solo sea un poco.

Dedicado a unas alumnas y alumnos estupendos y muy especiales: Estela, Aroa, Fefi, Aitana, David, Yassine, Teddy, Joel, Dan, George, Adrián, José Ernesto, Esmael, Ilyass.

Herramientas:

¿Qué hace uno cuando toda su identidad queda destruida en un solo instante?
¿Cómo reacciona uno cuando toda la historia de su vida resulta estar equivocada?

Chuck Palahniuk

Corto El Hiyab

En este corto se ofrece un diálogo entre Fátima, una alumna que comienza sus clases en un nuevo Instituto y su tutora, a causa del velo islámico. La breve historia gira en torno a la conversación que la tutora y Fátima mantienen sobre el hiyab, y el deseo de la tutora de que la adolescente se quite.
Este corto fue nominado a los premios Goya y ganador de la 15 edición del Festival de Cortometrajes de Madrid.

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