Aula Intercultural

Centro de Educación Permanente Polígono Sur. Sevilla

Dibujo de un niño mirando la luna con una luciérnaga en la mano

En esta etapa de la campaña Stop Racismo: educar para encontrarnos, educar sin exclusión hemos trabajado en Andalucía, concretamente en las provincias de Sevilla y Córdoba. Seis han sido los centros que hemos visitado y más de quinientos, las chicas y chicos con las que hemos reflexionado, analizado, debatido y trabajado sobre las herramientas necesarias para construir realidades interculturales en nuestras aulas.  Como en anteriores ocasiones hemos visitado centros de infantil, primaria y secundaria, en zonas rurales y urbanas, donde la diversidad de procedencias, culturas, religiones y familias no es una realidad objeto de estudio ajena a niñas y niños, sino su propia realidad, en la que crecen cada día y para la que es necesario tener herramientas que hagan de nuestras aulas espacios de convivencia donde aprender a ser, a adquirir competencias y aprovechar todas nuestras capacidades.

El primer centro que visitamos para presentar nuestra campaña fue el Centro de Educación Permanente Polígono Sur en Sevilla. Para nosotras una novedad, ya que por primera realizábamos los talleres con mujeres y hombres, cuya edad mínima eran los 18 años. Como dice en su web, y contrastando con el equipo de profesoras y profesoras, el Centro comenzó su labor hace más de 30 años para combatir el analfabetismo y ofrecer soluciones formativas a los principales retos educativos con los que cuenta el barrio: desde las clases de alfabetización a apoyo para obtener el graduado en secundaria; español para personas extranjeras o clase para el acceso a módulos formativos o para la universidad.

Son las nueve y cinco de mañana, acabamos de dejar el Hospital Virgen del Rocío a nuestras espaldas, poco después superamos las vías del tren, el puente que crean las mismas, pareciera una especie de frontera que separa el resto de la ciudad del Polígono Sur.

Atravesamos la rotonda que da la bienvenida a esta compleja realidad urbana y en unos pocos de cientos de metros más llegamos a la puerta del centro. En ella nos espera Mar, que nos acompañará a lo largo del día, nos contará sobre el barrio, sobre los chicos y chicas que acuden a sus clases, los proyectos que están impulsando y los premios que ha recibido el centro por la labor que realiza. En primer lugar nos presentará a las compañeras del equipo docente que en ese momento están en el centro y nos enseñara las instalaciones en las que trabajan en la actualidad.

A lo largo de sus tres décadas el centro ha tenido una historia nómada, transitando por diferentes centros públicos de la zona, estuvieron más de quince años en el Centro Cívico Esqueleto, pero ahora disfrutan de un antiguo centro infantil que estaba en desuso, poco adaptado a las necesidades de un centro para personas adultas, dicen las profesoras que fueron los propios alumnos los que lo han ido levantando y adaptando. Los jóvenes de los talleres de empleo, a quienes el centro también da formación básica, pintaron, hicieron arreglos de fontanería y albañilería. Ahora cuentan hasta con un huerto, que los diferentes grupos cuidan con mimo, allí se siembran más que lechugas, proyectos y deseos de cambio son cuidados con esmero e ilusión entre todas y todos. Esto dice mucho de la realidad que vive esta comunidad educativa, el equipo docente y las y los estudiantes que forman parte del Centro de Educación Permanente Polígono Sur tienen un proyecto común, complejo, en el que afrontan muchos retos, pero que apuesta claramente por un barrio integrado y culto, sin desigualdades educativas, que transforme su realidad, la que está más allá de las puertas del centro.

Imagen de unas jóvenes en una clase

Para transformar la realidad que se encuentra fuera, mujeres y hombres con diferentes edades y vidas, que tienen por objetivo común: formarse para obtener un buen empleo, construyen un ambiente de aprendizaje basado en el respeto y la cooperación, acompañado y promovido por el equipo docente y directivo, la escucha, el diálogo y el intercambio son palabras con las que podemos describir la dinámica con la que se desarrollan los talleres.

Los primeros minutos de todos los talleres que realizamos en el Centro de Educación Permanente Polígono Sur se caracterizaron por que todas las personas asistentes escucharon la presentación del proyecto AULA INTERCULTURAL con mucha expectación, hablamos de los procesos migratorios, de los movimientos de población a lo largo de la historia, de la importancia de crear realidades interculturales que favorezcan la convivencia, el intercambio y el aprendizaje, de herramientas para ello y de la necesidad de prevenir el racismo y la xenofobia. Propusimos actividades para trabajar en grupo y promover el debate y la gente comenzó a compartir experiencias y puntos de vista.

La oportunidad de clases intergeneracionales unida a una rica presencia de diversidad de orígenes y vidas, facilitó compartir miedos y llegar a acuerdos. Sin ser políticamente correctos, en los talleres se expusieron miedos, miedos a no encontrar trabajo, a no acceder a servicios básicos, miedo a sufrir daños, las noticias sobre los atentados terroristas de Paris eran recientes y estuvieron presentes en el debate. Se habló desde la necesidad apegada a la vida cotidiana, desde la falta de acceso a un empleo, desde la ausencia de recursos económicos para garantizarse el derecho a la vivienda, se hablo desde sinceridad y desde la plena consciencia de sentirse vulnerable a no acceder a un buen futuro. Se nombró la conocida frase “yo no soy racista pero…” Y también se compartieron experiencias de vida donde la mayoría de las personas, ellas o sus familiares o amigos habían migrado. Se conversó de acogida, de leyes y derechos. Se intercambió sobre la historia del barrio, anécdotas sobre el origen del nombre o sobre las vecinas y vecinos, cómo habían ido cambiando. También hubo acuerdos, el respeto entre todas las personas como seña de identidad, trabajar por hacer real que todas podamos disfrutar de una vida digna, todas las personas en todos los lugares poder tener una vivienda, un trabajo y cuidar a las personas que queremos.

En todos los talleres se veía que no había recetas mágicas para acabar con la desigualdad, que para afrontar el reto es necesario un trabajo diario en el que participemos todas y todos. El taller se hacía corto, nos dejaba tareas pendientes que seguiremos abordando.

  • Descripción
  • Proyecto educativo comprometido con la comunidad
  • Educación emocional
  • Intergeneracional
  • Innovación educativa
  • Calidad de la educación

 

Fotoblog:

Grupo de jóvenes en una clase

Otra imagen del grupo de jóvenes en clase

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