Dos países se salen de esas tendencias. Uno es Suecia, que en 2008 decidió abrir totalmente el mercado de trabajo a los inmigrantes extracomunitarios, sin limitaciones salariales en función de la nacionalidad. El otro es Italia, en donde la nueva ministra de Cooperación Internacional e Integración, Cecile Kyenge Kateshu, nacida ella misma en el Congo, ha anunciado su intención de cambiar la ley Bossi-Fini aprobada en 2002, en tiempos de Berlusconi, que establece durísimos requisitos para la entrada de inmigrantes en el país, agiliza las expulsiones e institucionaliza el uso de centros de detención de inmigrantes clandestinos.