1. • Cecilia Evouna, una trabajadora de la limpieza de EL PERIÓDICO, busca ayuda para luchar por los ciegos abandonados de su país
2. • Una mujer de 74 años la ha nombrado su sucesora en el cuidado de los críos
Por Xelo Solís. Barcelona
Pase por el otro lado, por favor, que aquí está mojado.
Durante semanas, esas fueron, con pocas variaciones, todas las palabras que intercambiamos Cecilia y yo cuando nos encontrábamos en la redacción de El Periódico a las ocho de la mañana, cuando yo iniciaba mi jornada y a ella le faltaban dos horas para acabar la suya. Yo aún no sabía su nombre, ni ella el mío. El 20 de diciembre llegué un poco antes y me indicó un acceso hasta mi mesa más cercano a su posición, lo que facilitó una conversación más larga:
— Llevas poco tiempo trabajando aquí, ¿verdad? No te había visto antes.
— Sí, un par de meses.
— ¿De dónde eres?
— ¿Yo? De Camerún. ¿Por qué?
— Perdona, no es curiosidad. Es interés. Es que estoy planeando un viaje a África. Un viaje largo. Voy a ayudar a unos niños abandonados.
— ¡Vaya! Usted es la persona que estaba esperando encontrar.
Quedamos para otro día y esta es la historia que me contó, que incluye una peculiar carta a los Reyes Magos.
Queridos Reyes:
Estoy buscando ayuda para unos chicos abandonados. Ciegos. En mi país, Camerún, cuando nacen ciegos no les quieren. Les dejan en la calle. Y una señora a la que conozco hace más de 25 años se dedica a recogerles por cualquier rincón de Camerún, del Congo y de Chad y les da comida, ropa, cobijo y educación. Hasta ha formado un coro y un equipo de fútbol.
Precisamente, lo que más quieren que les lleve es un balón especial para ciegos. Viven de alquiler en una casa que se cae de puro vieja. Y no tienen nada ni a nadie. Solo a esta señora y a dos maestros voluntarios que les enseñan en braille. ¡Necesitan tantas cosas!
Un poco antes de venir a Barcelona se presentó en mi casa la señora y me dijo: "Toma, Cecilia. Firma estos documentos. Tú serás mi sucesora. Ahora vas a ser tú quien se encargue de estos niños. Yo ya soy muy mayor".
Cuando mi marido, Floreal Falcó, que era catalán, vivía, todos venían a casa pedirle consejo y ayuda. Cuando él murió siguieron viniendo. "Santa Cecilia", me decían. Yo no soy una santa, pero ayudo siempre que puedo. Ahora quiero hacerlo, pero es algo demasiado grande para mí sola. No sé ni por dónde empezar.
La señora se llama Hedwige y tiene 74 años. No tiene nada, es pobre. Ni siquiera sabe leer ni escribir. ¿Cómo consigue mantener a todos esos chicos? Pidiendo. Dinero, comida, ropa. Todo lo que necesita lo consigue pidiendo. Un día no había ni leche y a mí no me quedaba ni un franco para comprar. "¿Qué haremos?", le pregunté. "No te preocupes. Dios lo hará." Al rato llegó un hombre importante, que había sido cliente de un restaurante que yo tuve, y le dio 50.000 francos (120 euros). "¿Has visto? Ahora vamos a comprar leche".
Yo estoy dispuesta a hacerme cargo de este proyecto. Si alguien me echa una mano. No soy rica, pero tengo energía, ideas, inquietud. He viajado, hablo idiomas, he estudiado. Mis tres hijos ya son mayores e independientes. Quiero volver a mi país y hacer algo para que no sigan emigrando. En África no se vive tan mal. Allí tenía quien me ayudaba en casa y aquí, ya ven, he de trabajar de limpiadora, porque todo lo que he estudiado no me sirve. Es el problema de los que venimos a Europa. Estamos preparados, pero aquí no nos sirve.
Quiero aprovechar mi experiencia en Europa para crear empleo y riqueza en mi país. Pasé tres años en Escocia e hice un curso de cocinera para dar variedad a la buena cocina africana. Con los mismos ingredientes, hacer platos distintos a los que llevamos haciendo toda la vida. Mi bisabuela, mi abuela, mi madre, yo...
También había pensado en crear una escuela de limpiadoras y una agencia para que las chicas pudieran venir aquí ya con contratos. O montar un buen restaurante de cocina africana en Barcelona. Tengo muchos proyectos y energía, y quiero compartirlos con mi gente. Pero desde que la señora Hedwige me propuso hacerme cargo de esos chicos, he aparcado los otros proyectos. Ahora que sé que mucha gente leerá esta historia, ya no me siento sola.
Lo primero que me había propuesto al volver a Barcelona era contactar con Samuel Etoo y pedirle un balón para ciegos. Ni eso he conseguido. Es muy difícil llegar a él. Hay tanta corrupción en mi país que creo que muchos de nuestros compatriotas han abusado de su buena fe y se protege de más engaños.
Ahora veo claro que lo que tengo que hacer es dedicarme a estos chicos y lograr que en Camerún, en toda África, se respete a los ciegos. Puedo crear una cooperativa, que puedan elaborar sus propios alimentos, cultivar el campo, criar animales. Podría contactar con empresarios para que mis chicos fabriquen balones para ciegos, zapatillas de deporte para ciegos, bastones para ciegos.
Ahora hacen cestos y otras cosas, pero viven en la miseria. Aún así, algunos llegan a la universidad. Uno estudió Periodismo y le encontré un trabajo en la radio. Pero al poco tiempo, murió. No sé de qué. Tampoco sé por qué hay tanta ceguera en África. He de buscar médicos que me ayuden a prevenirla y curarla, y oenegés que me digan cómo organizarlo.
Tengo mucho por hacer, pero ahora empiezo a ver que estos sueños van a hacerse realidad gracias a toda la gente que me va a leer. Y esta es mi carta a los Reyes.
Queridos magos, necesitamos muchas cosas, pero para empezar, media docena:
Ayuda para un terreno en Yaundé.
Ayuda para un edificio con cocina y nevera.
Ayuda para una escuela en Yaundé.
Un taller de aprendizaje en Yaundé.
Balones para ciegos.
Bastones para ciegos.
Feliz año nuevo,
Cecilia Evouna Falcó
Pueden contactar con Cecilia a través del correo cevouna@elperiodico.com