Estamos en una mesa específica sobre mujeres y educación en los países islámicos pero a mí en principio me gustaría hablar de mujeres y educación, en general. Creo que existen elementos comunes clave en el desarrollo de los derechos de las mujeres y en muchas ocasiones existe una historia común y unos derechos básicos irrenunciables estés en el país que estés y al margen de las directrices culturales y religiosas de cada lugar.
Comentaba la filósofa feminista Amelia Valcarcel hace algunos días durante unas jornadas de mujeres líderes de América Latina la importancia de “poner el reloj en hora” para poder, después, trabajar conjuntamente. Y “poner el reloj en hora” tiene que ver con conocer de donde venimos, saber de donde han partido las luchas en la defensa de los derechos de las mujeres para adquirir el estatus de ciudadanas. También significa hacer un balance de prioridades. Y el derecho a la educación de las niñas es una de las reivindicaciones más antiguas... Ya estaba en la agenda de la primera ola del feminismo. “Los dos objetivos del sufragismo -recuerda Amelia Valcarcel en “La memoria colectiva y los retos del feminismo”- fue el conseguir el voto y la entrada de las mujeres en las instituciones de alta educación.
Las primeras feministas pensaban que una misma educación conduciría a la igualdad entre sexos y en el siglo XVIII, Mary Wollstonecraft (1759-1797) pedía que el Estado garantizara un sistema nacional de enseñanza primaria gratuita universal para ambos sexos retando incluso al gobierno revolucionario francés a instaurar una educación igualitaria que permitiera a las mujeres -decía- llevar vidas más útiles y gratificantes. Cien años antes el filósofo francés François Poulain de la Barre había escrito ya De la educación de las damas (1674) cuestionando el sistema educativo, injusto y discriminatorio para las mujeres.
En el mundo árabe, el feminismo tuvo un importante aliado en el movimiento filosófico y político llamado “Nahda” (Renacimiento) partidario de hacer una lectura progresista del Corán y defensor de los derechos de igualdad de las mujeres, especialmente de la educación, para acceder a la modernidad. En 1855 se publicó el libro titulado Las piernas cruzadas, escrito por Ahmed Faris al Shidyac, considerado uno de los primeros tratados en defensa de los derechos de las mujeres en lengua árabe. Pocos años después, otro pensador de primera fila, Rifa’a Rafi’i al Tahtawi insistió en la necesidad de que las mujeres recibieran una educación y pudieran liberarse de las numerosas injusticias a las que estaban sometidas. Sus libros, Guía para la eduación de niñas y niños (1872) y Ensayos generales sobre Paris, (1902) son considerados dos hitos en la historia de la liberación de la mujer.
Quería apuntar algunas pinceladas del pasado y con referencia a diferentes espacios culturales para situarnos en el momento actual. En el año 2000, 189 países suscribieron una declaración bajo el auspicio de Naciones Unidas en la que se comprometían a incrementar el esfuerzo mundial para reducir la pobreza, sus causas y manifestaciones: los Objetivos del Milenio. El objetivo número 2 se refiere específicamente a la educación y nos recuerda que a inicios del siglo XXI la educación todavía no es universal y de nuevo subraya que las niñas continúan en desventaja.
La educación de las niñas sigue siendo, siglos después del comienzo de la reivindicación, una asignatura pendiente y debe ser uno de los focos de trabajo prioritarios. La educación significa abrir las puertas a una mejor posición profesional y económica. Mayores facilidades en el acceso al mercado laboral, etc.
¿Qué podemos hacer para contribuir a esta lucha?
Está claro que uno de los ejes de intervención es exigir recursos para programas de cooperación que incidan directamente en la posibilidad de educar a las niñas. Es interesante la iniciativa del gobierno español en América Latina, por ejemplo, sobre el canje de deuda externa por programas educativos.
Además el reto no es sólo trabajar hacia el exterior. En España, por ejemplo, resulta fundamental trabajar para la formación de las niñas y las mujeres inmigrantes.
En FETE tenemos un proyecto de Educación Intercultural que incluye una web en Internet: www.aulaintercultural.org donde se destaca esta prioridad y, por otro lado, se trabaja para evitar que las aulas sean espacios de exclusión por razón de sexo, de cultura, etc.
Y puestos a poner sobre la mesa necesidades y proyectos... resulta fundamental revisar las bases de la educación. Hace unos días en un debate organizado por el Círculo del Mediterraneo intelectuales magrebíes reivindicaban la necesidad de reescribir la historia que se enseña en las escuelas para que fuera más inclusiva y plural reconociendo las diferencias y los derechos. En España, por ejemplo, resulta vital la recuperación y revalorización del pasado árabe en los libros de texto de historia, y ya de paso, por cierto, podríamos incluir a todas las mujeres que también han quedado fuera. Un ejercicio que también sería interesante hacer en los países de la orilla sur del Mediterráneo donde parece que lo árabe y lo islámico predomina y oculta una rica diversidad y pluralidad cuyo reconocimiento beneficiaría sin duda también a las mujeres de estos países.
Afortunadamente las mujeres estamos ocupando más espacios en las escuelas, en la Universidad pero tenemos que implicarnos ya en la reelaboración de contenidos de las materias de estudio. También en la construcción de nuevos modelos que sean referentes para las niñas que están creciendo.
Hablaba de problemas comunes, al margen del país en el que estemos... otro ejemplo... el déficit de niñas y mujeres en carreras científicas, de ingeniería, etc. Existe un grupo llamado FEMSA (Female Education in Mathematics and Science in Africa) creado precisamente para contrarestar esta tendencia.
Somos muchas y muchos quienes estamos trabajando para cambiar las cosas y construir ese otro mundo posible sin la exclusión de las mujeres y las niñas. Su educación es fundamental para el cambio.
Y me gustaría terminar mi intervención con una referencia... hace algunos días, leyendo un texto sobre la historia de las Universidades Africanas, el investigador Paul Zeleza recordaba que una mujer, una joven princesa, Fatima Al Fihri, está en los origenes de la creación de las universidades africanas. Africa tiene las universidades islamicas del mundo que todavía existen en nuestros días. Entre ellas Ez-Zitouna en Tunez fundada en 732 o bien en Marruecos, Fez, la Universidad de Al Qarawyyin, fundada en 859 por esta joven princesa emigrada de Queruán (Tunez). Sin duda el nombre de Fatima Al Fihri debe tener un espacio en esta historia que tenemos el reto de reescribir.