El porvenir de la cultura quechua pasa por dos caminos: el de su desaparición como práctica de la colonialidad del poder desde 1532 hasta ahora, y el de su continuidad y desarrollo, propuesto por los movimientos políticos indígenas desde el último tercio del siglo XX. La batalla entre esas dos opciones es desigual y se da en contextos internacionales y nacionales adversos.
El autor, Rodrigo Montoya Rojas, sostiene que el mejor modo de defender las culturas existentes en el Perú es a través de la política para romper los muros de la vergüenza que obligan a millones de personas a no aceptarse como son y simular lo que no son por reproducir el juego de máscaras impuesto por el poder.